Amaral. Palacio de Congresos. Zaragoza (6 octubre 2011)

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22 oct. 2011, 15h21m

Jue 6 Oct – Amaral
Fotos, setlist y más cositas en
http://mercadeopop.blogspot.com/2011/10/amaral-2011-palacio-de-congresos.html



Tres minutos de aplausos en pie y quince de reloj firmando lo que haga falta y fotografiándose con propios y extraños. Básicamente, con propios. Suena Moon river, de Henry Mancini, mientras alguien del público grita: "Ven, corre, colgamos esto [la foto de marras] en cero coma [dios sabe dónde]". Segundos antes han llegado varios ramos de flores hasta el escenario, tanto para Eva como para Juan. Al fin el público se ha levantado, ha aplaudido y ha coreado, perfectamente ordenado desde sus butacas, por el deleite de dos horas de un concierto de Amaral que acaba de concluir. Estamos en Zaragoza, en el la presentación del disco Hacia lo salvaje.

"¡Buenas noches, maños!", gritó Eva nada más finalizar Hacia lo salvaje, primera de la noche y primer sencillo de su nuevo álbum homónimo, número uno en ventas con más de 30.000 ejemplares despachados en su primera semana, algo milagroso en los tiempos que corren. "Sabemos que sois los primeros que fueron a por las entradas. Para vosotros es especial, pero para nosotros lo es aún más", planteó la cantante después de arrancar el primer recital de una serie de cinco que, desde el día 6 hasta el 10 de octubre, van a ofrecer en Zaragoza. A 1.400 personas por noche, te salen 7.000 personas en total. Y se están planteando para la próxima primavera probar en el Pabellón Príncipe Felipe (también en Zaragoza, su ciudad natal), al menos dos noches, a 5.000 cada una.

Pero volvamos al lugar que nos ocupa, el Palacio de Congresos, un recinto frío que, en un primero momento, parecía haber contagiado su gelidez a los asistentes. Y cuando empezabas a sospechar que nada especial iba a ocurrir, ay, Moriría por vos puso al público en pie. La voz de Eva lo llena absolutamente todo y dirige la noche hacia donde haga falta. Estrella de mar sonó a New year's day, de U2, de una manera tan obvia que incluso su intérprete paseó entre el público a lo Until the end of the world -tema de Achtung baby, también de U2, que cumple ahora 20 años-, como siempre hizo, hace y hará Bono. En plan chulesco pero muy humano. Repentinamente, todo el mundo tenía una cámara con la que inmortalizar su alma, aún pasajera.

Amaral tocó todas las canciones (12) que componen su sexto disco de estudio, Hacia lo salvaje. Recibidas con más o menos entusiasmo, sonaron por encima del resto las guitarras de Esperando un resplandor, Montaña rusa o, ya en los bises, Como un martillo en la pared. Más allá de "la máquina del trueno", como Juan definió a su incontrolable y problemática pedalera de guitarra, gustaron especialmente la sublime Riazor y la entrañable Cuando suba la marea.

Las puertas del infierno, No sé qué hacer con mi vida y una Big Bang en plan ZZ Top cerraron una parte del concierto que fue de menos a más, y que paró en seco con la bonita pero tal vez prescindible Robin Hood. Ahí Juan se equivocó con la introducción y se puso mohíno hasta que Eva terció con un lapidario "te queremos igual". El público seguía sin arrojarse contra el escenario cuando sonó Cómo hablar, una de las canciones más coreadas de la noche.

Ni bailongo ni desenfrenado, el respetable quiso, sin embargo, intercatuar, y lo hizo a la brava. Gritando y que sea lo que dios quiera. Se escucharon cosas como: "Me gusta tu vestido" o "cántate la jota de Moriría por vos". Después de un diálogo básicamente raro sobre este último asunto, Eva recordó que estaban en casa, "en familia", y pidió un aplauso para su técnico de sonido, Miguel Tapia. Bien merecido.
Después de una presentación más que notable de En solo un segundo, pausa para los bises y vuelta a la carga con Kamikaze, que puso, esta vez sí, al tímido público sobre sus butacas e incluso correteando en los vomitorios. Todos contamos los unos con los otros, eso está meridianamente claro, igual que uno no es nada sin el de la izquierda y el de la izquierda nada sin el de la derecha. Si no las agarras bien las llaves de casa se caen al suelo, curiosamente sin hacer ruido. Y encima quedaba un bis al grito cuasi unánime de "¡olé, maños, olé!".

La gente gritó y gritó y coreó y reclamó: "¡Que hable Juan, que hable Juan!". Insistieron un poco, no mucho, hasta que el seriote se quitó el pinganillo y explicó la movida: "Es que estáis hablando todos a la vez". La carcajada general solapó la explicación de aquel músico que no podía escuchar porque estaba centrado en sus guitarras, no muchas, todas ellas Gibson, preciosas. "No, ya en serio, estamos muy agradecidos por la acogida del disco. Queríamos tocar en sitios pequeños, aunque esto no es tan pequeño", planteó, ante la nueva risotada general.

Como un martillo en la pared no es precisamente la canción más acertada de su último trabajo, pero al menos resultó suficientemente eléctrica para afrontar el tramo final con la mega coreada El universo sobre mí y la definitiva Revolución. Han pasado exactamente dos horas, 24 canciones, algunas penurias sónicas para Juan, y muchas emociones a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, donde y sobre las tablas. Apenas dos horas antes sonaba la Velvet Underground con un mensaje claro: All tomorrow's parties. ¿Y las fiestas de hoy, quién las cuenta? Quedan cuatro días de Amaral y empiezan los pilares...

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