Luego de un par de bandas,el show de cierre fue el que nos inyectó esa dosis de esperanza que le queda al rock.
Nuestro denominado rock nacional necesita un cambio,por la psicodelia,por el pop,por lo progresivo,por donde sea pero ya no podemos seguir abriendole la puerta de nuestros oídos a Pity y a los Jovenes Pordioseros.Quien nos cede la receta son un par de muchachos que no deben ser de acá,porque son Turistas en todas partes.
Anteriormente la genialidad de Jarvis Cocker opaco su tremenda presentación en La Trastienda,pero esta vez no se les escapaba.
En sí,no propusieron nada nuevo ante un escaso pero incondicional público (gente desde Buenos Aires se bancó las hastías 6 horas de espera,ya que arrancaron pasadas las 4 a.m.) pero dentro del pequeño recinto donde se desenvolvieron y ante grosos errores de organización,sonaron satisfactoriamente con mayoría de puntos altos y algunos desajustes de sonido,como la poca potencia de las voces;igual eso fue problema del sonidista invisible.
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