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  • Todo se desentierra con la lluvia

    25 jan. 2011, 3h52m

    Seré una estúpida más que se lamenta en vacíos versos,
    una criatura estigmatizada, despojada de su mezquina corola,
    que incinera, enferma de palabras, sus pétalos tiernos
    y ante tu figura enjuta y herida, se inmola.

    Perdimos la mirada rozando occisos, distraídamente,
    tras velos acuosos que nunca juntos volveremos a bordar.
    Irguiéndome entre tinta y recuerdos, te pediré solamente
    ser sepultada por el olvido perenne del oscuro y profundo mar.

    Mira qué fácil, cuán inconsciente fuiste al caer
    emitiendo goteos muertos en los ponzoñosos agujeros
    que venenosos en mi seco pecho crecen, sin dejarse ver,
    consumiendo tus esperanzas, sentimientos y dulces sueños.

    La hosquedad nos devora y me resigno a caminar
    con los ojos callados y fríos, atravesando, además,
    una línea carmín y chorreante para poderme alcoholizar
    con esos ojos oscuros que ni fueron ni seán míos jamás.

    Pensaremos una vez más que somos frágiles, pardas hojas
    que se perderán en las profundas aguas sin saber suspirar;
    impulsadas por la ronca garganta del aire, tercas,
    paralelas, desconocidas, sin habernos deseado amar.
  • El ayer que se convirtió en tumor

    25 jan. 2011, 3h50m

    Una mirada es suficiente para lograr entender
    tu incomprensión hacia mi ente, un vil hastío.
    Oigo el derrumbe de un glaciar interior sin ver
    que lejano estás, pues partiste en navío.

    La disonancia del amor y mi envenenamiento
    el crepúsculo solloza en silencio nostálgico.
    Caminaré sin rumbo, con semblante trágico,
    tratando hallarte, ignorando el agotamiento.

    Te busco concienciada de que te merezco
    y te encuentro en brazos de otra, ¡NECIO!
    Trémula, entre las penumbras desaparezco
    ahogándote, demente, con una soga de desprecio.

    Mi corazón y alma quebrantados crecen,
    tiesos, duros y helados por los celos,
    ignorando el sentimiento que subyacen
    pues te marchaste, traidor, a otros cielos.

    Abatida al lugar de tu abandono regreso,
    atravieso las grandes ciudades y anchos océanos,
    el odio me guió, la sangre ilustró el trayecto
    apenas pudiendo arrastrar tu muerto peso.

    Al borde del abismo arrullándote me encuentro
    sollozando sumida en mi frío y letal invierno,
    me lanzo al vacío deseando por dentro
    arrastrarte, muerto, conmigo al infierno.

    Amor mío, para compartir un idilio
    con paciencia has de alimentarlo
    Para escribir un poema de suicidio
    sólo he de recordarte y desearlo