Voy a empezar contemplando lo que a mi gusto fue lo más interesante de este gran concierto que ofreció Iron Maiden en nuestro país... De partida, la espera se hizo eterna, pero se amenizaba con la guerra de botellas y los gritos de miles de aficionados que estábamos ansiosos de ver a esta gran banda. Igual los botellazos iban con cizaña a ratos, hasta bidones de 5 litros volaban, pero en ese ambiente, ya nada importaba, todos íbamos por una razón única, y nada iba a arruinar eso.
Ni siquiera Lauren Harris, la gran "invitada especial" para el concierto, o mejor llamada "la hijita de papá". A mi criterio, el show de ella fue muy fome, flojo, y demasiado ochentero, pero no de ese que entretiene. Bastante monótono... Lo único bueno, es que es una preciosura, como buen chileno "mijita rica", y esa razón era la única que mantenía vivo al público masculino... y se salvó de las pifias solo por "estar rica", como sea, pasó, hizo lo suyo, y se fue.
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